Entrevistas / Paco Elvira

Entrevista realizada en Barcelona el 30-IX-2003 con motivo de la exposición fotográfica Fotomercè 2003, sobre las fiestas de la Mercè de Barcelona del 2002.
Paco Elvira

fotógrafo
“En cinco años todos lo haremos en digital”

 

¿

Por qué escogió el formato panorámico para Fotomercè 2003?
La Fotomercè siempre es un reto; la han hecho muchos fotógrafos antes que yo y, además, la fiesta es bastante acotada, siempre son los mismos actos. Por eso intenté hacer algo diferente. El formato panorámico no se había usado nunca.

La mayoría de las fotografías reflejan a los barceloneses. ¿Quería enfatizar la importancia de las personas en este tipo de eventos?
Muchas veces los fotógrafos hacemos los temas que nos encargan con un espíritu abierto aunque los conozcamos y nos dejemos influenciar por lo que sientes en estos momentos por lo que ves. Yo ví que el éxito de la Mercè eran las personas después de ver la cantidad de gente que llenaban todos los espectáculos. Por eso quise hacer un homenaje con el mosaico de retratos en un formato panorámico, formato en el que cabe más gente.

Entonces, ¿antes de salir a la calle para hacer las fotos, no sabía lo que se encontraría? ¿No tenía una idea de lo que quería fotografiar?
Siempre me documento antes, pero muchas veces tienes sorpresas. En este sentido, yo creo que el trabajo importante del fotógrafo, y también del periodista, está sobre el terreno. Muchas veces eso se nota entre los periodistas que siempre están en las redacciones y no salen nunca, y los otros como por ejemplo yo, que siempre estoy en las trincheras, para decirlo de algún modo. Las cosas cambian totalmente, cosa por lo que yo siempre estoy muy abierto a lo que pasa ahí donde estoy.

En el prólogo del libro de la Fotomercè 2002, Xavier Vinader explica que usted ve la ciudad de Barcelona con unos colores apagados…
Sí, hoy hace un día perfecto para comprobarlo. Yo he fotografiado países de todo el mundo, he podido ver lugares donde la luz es mucho más diáfana, clara y fuerte. En cambio en Barcelona no, Barcelona tiene muchos días con esta calima de costa.

Usted es un entusiasta de la Barcelona postolímpica y de las transformaciones urbanísticas que supusieron los Juegos Olímpicos del 92. ¿Opina lo mismo respecto al Fórum 2004?
No, en principio no. Simplemente porque, como mucha gente, todavía no sé exactamente por donde saldrá el Fórum. Lo tendría que ver después. Evidentemente la transformación postolímpica fue impresionante. Antes de los Juegos Barcelona era una ciudad que le faltaba algo, aunque a mí siempre me ha gustado mucho. Por ejemplo, paseando por otras ciudades como San Sebastián, Las Palmas de Gran Canaria, Santander… ves que todas están abiertas al mar y tienen un paseo marítimo fantástico. Esto lo echaba de menos en Barcelona. Las Olimpiadas cambiaron esto. Yo recuerdo que, de pequeño, cuando iba a la playa tenía que coger un autobús y marcharme a Castelldefels, porque Barcelona no tenía playa. Todo esto ha cambiado y la ciudad ha ganado muchísimo. ¡Y no hablemos ya de los cinturones de las rondas! Pero eso ya son historias más técnicas y políticas, de porqué la inversión de Madrid no llegó antes o si es cosa de aquí de la Generalitat que no lo hizo antes… En fin, sea como sea, estas dos cosas dieron un impulso increíble a la ciudad y sin duda ha ganado mucho.

¿Está contento del trato que Barcelona da a sus fotógrafos?
Sí, aunque siempre se puede mejorar y de hecho la semana pasada se presentó una entidad, La Foto BCN, que intenta dar un empuje a todo este movimiento. En Barcelona hay muy buenos fotógrafos, sobretodo documentalistas. Siempre ha habido una buena tradición que empieza con los autores clásicos como Català-Roca, Miserachs, Colita, Maspons…

Desde sus inicios como fotógrafo ha usado la fotografía como un instrumento de lucha social. Empezó retratando la lucha universitaria y luego hizo lo mismo en sus viajes a Irlanda del Norte, Portugal, Filipinas, Israel,… hasta llegar a la exposición colectiva “Los desastres de la guerra”, que se expuso en la sede del Colegio de Periodistas de Catalunya en abril pasado. Durante la realización de sus reportajes seguramente se habrá encontrado a menudo con imágenes fuertes y difíciles de digerir. ¿De qué modo combina la estética de una imagen con su contenido y el rigor periodístico?
Eso depende del estilo de cada fotógrafo. El contenido es importante pero también el lenguaje. Se podría hacer un paralelismo con las novelas: hay algunas que tienen un mensaje y además están bien escritas. Lo mismo pasa con la fotografía: puede tener un mensaje pero tiene que estar bien escrita para que llegue mejor a quien la ve. Si es demasiado ligera o fuerte puede perder su fuerza. Concretando, esta exposición “Los desastres de la guerra” forma parte de un reportaje que hice para el Magazine de La Vanguardia sobre un hospital que se dedica a curar a niños heridos en guerras del Tercer Mundo y, por cierto, este verano he ido con ellos a Kabul. Ahí he visto imágenes horrorosas que he intentado evitar para no asustar al espectador.

¿Cuál es su postura ante la revolución digital aplicada a la fotografía?
Yo soy un defensor de la fotografía convencional siendo consciente que, de todos modos, se acabará. Pero en estos momentos se podría hacer una distinción entre los fotógrafos de la “inmediatez”, que son la prensa, y los fotógrafos que reflexionan un poco más y hacen un trabajo más lento y elaborado. Estos últimos continúan con el sistema convencional. Pero esto seguramente cambiará en poco tiempo y en cinco años todos lo haremos en digital.

Y sobre lo que supone de popularización de la fotografía, ¿qué le parece que ahora todo el mundo se atreva a hacer fotos?
Eso es positivo y es negativo, tiene las dos vertientes. Por un lado a los fotógrafos de oficio nos ha hecho cierto daño, porque muchas veces recibíamos encargos técnicos y precisos que nadie más que un fotógrafo de oficio sabía hacer. Ahora prácticamente todo el mundo lo puede hacer con cámaras digitales y haciendo retoques después con el Photoshop. Pero la imagen siempre será la imagen; esto nunca cambiará. Se tiene que conocer y saber captarla en su momento.