Entrevistas / Margarita Rivière

Entrevista realizada vía correo electrónico en 2002 para hablar de moda y los libros “Lo cursi y el poder de la moda” (1992) y “Crónicas virtuales” (1998).
Margarita Rivière

periodista y escritora
“Cuando todo el mundo sigue una moda ésta ya está muriendo”

 

E

n “Lo cursi y el poder de la moda” afirma que “si la ropa queda fuera de moda es por pura necesidad de la producción”. Entonces, ¿el hecho de que la moda sea fungible es meramente voluntad de los empresarios del sector? ¿Sería posible diseñar ropa que nunca pasara de moda?
Pues, sí, la producción manda hoy en casi todo, incluso en esa necesidad de que los productos pasen de moda, con lo cual se fabrican ya -por primera vez en la historia sucede esto con tal claridad- para ese fin. Esto no significa que todos los productos de vestir sigan esta norma: la producción da para todo, incluídos aquellos vestidos o ropas -deportivas, clásicas, etcétera- cuya evolución es mucho más lenta y, de paso, los ingresos indsutriales son más seguros. Lo que llamamos producto/moda se fabrica básicamente para ser efímero y ser automáticamente sustituido en la temporada siguiente: es un riesgo económico. Son las leyes de la industria. Naturalmente que es posible diseñar vestidos que aguanten mucho tiempo, no una eternidad, pero sí unas décadas. El traje masculino clásico, sin ir más lejos, es un claro ejemplo de eso.

¿A qué atribuye que algunos modistas como Yves Saint-Laurent hayan copiado obras de arte en diferentes ocasiones? ¿Les gustaría que su moda fuera perenne como el arte?
La moda se explica a sí misma, muchas veces como arte. En cualquier caso, es cultura aunque no tenga nada que ver con el arte ni con la creación artística. La moda es cultura porque refleja una parte de lo que Edgar Morin llama ‘el espíritu de la época’. El vestido es algo a partir de lo cual se pueden tener datos sobre el estilo de vida de un momento histórico. Es es este aspecto que, en determinadas ocasiones -muy concretas- puede tener relación con las artes plásticas u otro tipo de artes. Esto fue muy claro en la época a la que se refiere su pregunta sobre Saint Laurent. Hoy las relaciones entre moda y arte suelen ser un tema de marketing o de venta: se sabe que, por ejemplo, la ‘moda Frida Kalho’, es una forma de vender ropa como otra cualquiera.

En “Crónicas virtuales” asegura que en el mundo actual se está produciendo una transición de lo “real” hacia lo “virtual”, lo cual le lleva a sentenciar la muerte a la moda. ¿Cómo es posible si precisamente la moda está íntimamente ligada con las apariencias y el exhibicionismo, dos rasgos de esta nueva sociedad virtual que describe?
Yo creo que la moda de verdad es la que vemos por la calle. Y la gente se viste, por suerte, en su mayoría, de manera funcional y cómoda. Que se desee estar bello es una aspiración lógica que no requiere hoy ya de mucho artificio ni de mucho ir a la moda. Esto es un gran avance que protagonizan las mayorías: ellas se sirven de la ropa y no caen en lo que sucede con una minoría de ‘fashion victims’ que están en todo momento pendientes de la apariencia. Por otro lado, la cultura de la imagen en la que vivimos tiene su aliada en la ropa y su enemigo en el cuerpo: la moda -entendida como dictadura estética- ataca más hoy al cuerpo que a la ropa. La idea de que un cuerpo correcto se puede poner cualquier cosa es un hecho. Y, aunque es un tema discutible, la moda que vemos por la calle es sumamente plural. Lo cual certifica que no hay -como en otras épocas históricas- una sola moda o un sólo estilo. Que la gente haya decidido que todo está permitido en la indumentaria es una señal inequívoca de la muerte de la moda referida a la ropa. Notoriamente no ocurre lo mismo con el cuerpo.

La moda surgió como un invento de la aristocracia para distinguirse del pueblo. ¿La sociedad perfecta (sin estamentos entre otras cosas) es una sociedad sin moda o bien tiene alguna vertiente enriquecedora: puede ser una forma para articular una colectividad de individuos libres?
La moda, efectivamente, tiene orígenes clasistas muy claros. Hoy el peligro, gracias a la industrialización masiva del fenómeno, es la homogenización de los individuos, de las masas mejor dicho. Creo que, pese a que en algunas cosas- especialmente entre los más jóvenes- sí que hay cierta homogenización (por ejemplo las zapatillas deportivas), en general el vestido es bastante plural y libre como he dicho. El vestido, ahora mismo, tiene grandes cualidades para una mayoría si se considera un instrumento de libertad y de embellecimiento al margen de dictaduras estéticas. Eso es la pluralidad. La pluralidad, por otro lado, es lo contrario a la moda. La pluralidad mata la moda.

A pesar de hacer una dura crítica al mundo actual, termina “Crónicas virtuales” augurando con optimismo que un día “la virtualidad quedará en manos de los artistas”, entonces la sociedad volverá a la realidad y prescindirá de la moda. ¿Estamos ahora más cerca de este cambio que cuando escribió el libro (hace diez años)?
Creo que en este momento -no sólo en el mundo de la moda- tenemos una cultura en la que prima la economía sobre la creatividad. Mejor dicho, la economía -entendida como producción comercial- suele matar la creatividad de los artistas que están obligados a producir cosas comerciales. Esta comercialidad obligada tiene este aspecto muy negativo: es un tapón de la verdadera creatividad-imaginación tanto en moda como en arte o literatura. Por esto en la moda no se producen cambios significativos sino, en todo caso, ‘banalidades espectaculares’ hechas para llamar la atención y ocupar espacios en los medios. Tal es la función, por ejemplo, de las pasarelas de Paris o de los Oscar de Hollywood. Otra cosa que hay que tener en cuenta es que la insistencia en esa espectacularidad comercial puede acabar teniendo,a plazo medio pero no inmediatamente, incidencia en el gusto estético de laépoca. En este aspecto me remito a lo que escribí en ‘Lo cursi y el poder dela moda’ y que señalaba que estamos en la época del exceso, y todo excesoacaba sentenciando a cualquier moda: cuando todo el mundo sigue una moda ésta ya está muriendo.