Entrevistas / Lluís Amiguet

Entrevista realizada en Barcelona el 22-IV-2004 con motivo de la publicación de “La Contra 2″(Martínez Roca ediciones), una recopilación de 101 entrevistas publicadas en La Vanguardia entre 1998 y 2003.
Lluís Amiguet

periodista
“Siempre es posible decir la verdad”

 

¿

De dónde salió la idea de La Contra, de la dirección de La Vanguardia?
Fue al revés, nosotros ofrecimos la sección a la dirección, y hubo suerte. En teoría, si la idea es buena el mercado responde. La Contra fue pensada para un mes de agosto de un verano de hace siete años. Recuerdo que nos reunimos con el Gran Wyoming -José Miguel Monzón- y con otra gente para diseñar un estilo adecuado, no tanto por la forma periodística sino por averiguar qué quería la gente. Comprendimos que había ganas de frescura, de un estilo directo, de que el entrevistado tuviera más protagonismo que el entrevistador y, sobretodo, de escaparse de la agenda de la actualidad -concepto que aún no sé exactamente qué es-.

Este carácter atemporal de las entrevistas, privilegio único de La Contra, ¿no conlleva cierto peligro de caer en lo pedante?
Lo que sucede es que la agenda de la actualidad está repleta de vacuidad. Por ejemplo, en Catalunya nos inundan de Barça, de Real Madrid en Madrid. El fútbol es un abuso en todas partes. A mí me puede gustar el fútbol en un momento determinado, pero lo que no entiendo es media hora de fútbol diario en todas las cadenas. A cambio de esta agenda impuesta, arbitraria y dictatorial -frente a la que no te puedes defender salvo apagando la televisión o la radio-, nosotros explicamos cosas que a la gente le interesa. Hoy, por ejemplo, hablamos de los perros y de los animales de compañía, y mañana de cómo nació la escritura.

¿Cómo se consigue un equilibrio entre lo frívolo y lo pedante?
Yo creo que ésta es una de las virtudes de La Contra: dar cultura dura bajo una apariencia a veces frívola. Temas que aparecen en nuestras entrevistas se considerarían muy duros, muy elevados en cualquier sección de cultura. Mañana, como decía, sale una entrevista sobre la escritura sumeria; de cómo nació la escritura que conocemos hoy, de los sumerios, de la escritura proto-cananea,… en fin, conceptos que en un suplemento de cultura se considerarían un rollo y que, en cambio, son apasionantes en La Contra. Desafiamos un poco los clichés, las convenciones de lo culto, lo elevado, lo especializado,… cualquier cosa bien explicada llega al corazón y al cerebro de la gente.

En una ocasión dijo: “el periodismo me descubre que nada humano nos es ajeno”…
Porque todo lo humano es interesante. Pero lo más importante no es siempre lo más urgente, y al revés. Hay cosas que forman parte de la actualidad del día y evidentemente se deben saber, pero hay muchísimas otras que me afectan directamente y que no salen en los periódicos… es en ese lugar donde acaba la agenda de la actualidad y empieza la agenda de la humanidad, en ese espacio es dónde funciona La Contra.

El breve comentario biográfico de la solapa del libro dice que es licenciado en la UAB, la UB, la NYU… ¡y también que tiene la tarjeta de Caprabo!
Bueno, era una broma para quitarle aire pretencioso a la lista de las universidades. Hoy en día cualquiera con un poquito de ganas, suerte y dinero -yo tuve una beca- puede ir a muchas universidades y estudiar inglés.

¿Qué estudió en cada una de estas universidades?
Soy licenciado -que no es lo mismo que estudiar- en Ciencias de la Información en la UAB, Filología Hispánica en la UB y también hice un postgrado en la Universidad de Nueva York, tuve lo que se llama un brother fellowship de la Fundación Brother International. La verdad es que el postgrado no fue muy interesante, pero sí la experiencia de vivir y trabajar en Nueva York, donde fui enviado especial de La Vanguardia durante la campaña de Clinton 1992, y me lo pasé muy bien…

“Cada uno tiene un poco de verdad y nadie la tiene toda”, afirma. Pero los hay que la esconden muy bien…
Esta es la filosofía de La contra; todo el mundo tiene algo auténtico o interesante. Aún así, es verdad que la gente mayor tiene más cosas interesantes por contar. A veces te colocan delante alguien de 20 años que ha sacado un disco, le pones un micrófono y no tiene nada para explicar, pero hay que entrevistarlos. Todo el mundo tiene una verdad y nadie la tiene toda, es una idea que ya la dijo Popper mediante su concepto de la sociedad abierta.

A la hora de transcribir y poner por escrito una entrevista, ¿qué le resulta más difícil disimular, su admiración o su aversión hacia el entrevistado?
Cuando estoy frente a alguien que me cae muy mal -cosa que me ha sucedido algunas veces-, sé que esta intensidad de emoción se va a notar en cuanto escriba. Se dice que el hombre es un ser pensante pero más bien es un ser que siente: nos realizamos más en el sentimiento que en el pensamiento. Si eres capaz de transmitir en la escritura una parte de lo que has sentido ante el entrevistado, de algún modo este sentimiento transpirará al lector. En la radio se puede jugar mediante la voz, pero en el periódico también se produce magia, la lectura es un acto de telepatía universal.

¿Con cuál de los entrevistados se queda?
De este último libro, con Hans Küng, el teólogo suizo.

¿Por qué?
Si dijera que por su inteligencia bestial no sería del todo justo, dado que ha dedicado toda su vida a estudiar. Lo que sí es sorprendente y remarcable de este hombre es su opción por lo auténtico frente a lo confortable. Me explicó que llegó un momento en su vida en que tuvo que elegir entre la verdad y la carrera. El cardenal Ratzinger, compañero de Küng desde el seminario y que ahora dirige la Congregación para la Doctrina de la Fe -que podríamos definir como la continuación de la Inquisición-, escogió el camino de lo confortable. Küng pudo ser cardenal y entrar en el establishment del Vaticano, pero no lo hizo. Se podría parafrasear lo de “amo a Sócrates pero amo más a la verdad” diciendo que Küng ama a la iglesia pero ama más a la verdad.

Este dilema se presenta cada día en muchas personas…
Lo que solemos hacer es identificar la convicción con el provecho, o sea, acabas engañándote a ti mismo diciendo “bueno, al fin y al cabo no pasa nada…”. En tiempos de Galileo, si aceptabas que el sol giraba alrededor de la Tierra te nombraban cardenal. Galileo sabía que no era así y casi terminó en la hoguera. En mi opinión, Küng hereda el amor a la verdad de Galileo. Pero no es necesario ser teólogo para amar a la verdad, podría tratarse de un albañil que le dijera a su jefe “esta pared está mal hecha”. El jefe intentaría hacerle callar, quizá lo amenazaría con echarlo a la calle… la persistencia del albañil en decir la verdad sería igual de heroica. Pero lo que solemos hacer todos es buscar maneras cobardes y fáciles de acomodarnos, decimos: “el sol no gira alrededor de la Tierra, pero digamos que son equidistantes en un punto medio que…” Por eso es loable que haya gente capaz de decir que no, que el muro está mal construido, que el Sol no gira alrededor de la Tierra y que la Iglesia Católica no debería hacer lo que hace. Ésta es la razón por la que menciono a Küng; el teólogo que cuestiona a Wojtyla y que tuvo el valor de anunciar en La Contra que el próximo Papa no será del Opus Dei. Decir la verdad es caro a corto plazo, pero a largo es lo único posible. Yo he mentido y traicionado, como todo el mundo, pero al final lo pagas. Por eso es bonito pensar que aún queda algún albañil honesto. Al fin y al cabo, Küng dejó de ser cardenal pero come cada mes. Siempre es posible decir la verdad.