Albert Boadella

Entrevista realizada en Barcelona el 8-X-2003 con motivo del estreno de la película “¡Buen viaje Excelencia!”.
Albert Boadella

director de teatro
“Cuando llegan las elecciones tenemos que escoger entre un tonto y un imbécil”

 

U

na de las cosas que muestra en la película -según ha explicado usted mismo- es lo que ha llamado el “síndrome de Estocolmo de todo un pueblo” por haber tenido la paciencia de esperar que la naturaleza hiciera aquello que en su opinión debería haberse hecho antes, es decir, acabar con el régimen de Franco. Esta especie de masoquismo, con perdón, ¿lo atribuye exclusivamente al pueblo español o es extenso al ser humano en general?
Esto forma parte de la especie humana, porque hay un momento a partir del cual la duración de una tiranía hace que la gente se acomode, busque agujeros por todas partes y termine produciéndose un equilibro perverso. Sucede también en cualquier relación humana, ya sean negocios, relaciones de pareja… A veces son tiránicas por un lado, otras por los dos, pero llega un momento en que uno se ha acostumbrado de una forma tremenda al otro. Sobre esto se han hecho muchas novelas y películas. Forma parte de la genética humana.

Ya ha dicho que la característica principal de Franco era su mediocridad. A pesar de que actualmente gozamos de un estado democrático y de elecciones libres, ¿la mediocridad no es acaso un calificativo aplicable también a muchos políticos actuales?
El problema es que la clase política que tiene acceso al poder debe cumplir unas determinadas características de mediocridad. Las personas muy inteligentes evidentemente son sensibles, tienen sensibilidad. Son gente considerada peligrosa para ejercer el poder porque a veces tienen contradicciones, sentimientos, ideas, cambios de orientación en algún aspecto…. Por eso la figura del hombre mediocre, de aquel que tiene la piel gruesa, es una herramienta más preparada para ejercer el poder. La sensibilidad o el buen gusto no son precisamente los rasgos del poder; por eso la gente que en estos momentos está en los puestos de responsabilidad es de una calidad ínfima, en general. Cuando llegan las elecciones tenemos que escoger entre un tonto y un imbécil. ¿Cuál es el resultado? El resultado es que al final a la gente le da lo mismo. Se nota una indiferencia, que es lo que está pasando ahora.

Els Joglars desde siempre se han desmarcado del mundo del teatro catalán oficial, sobretodo el de Barcelona. Ahora que habéis hecho una película, ¿vuestra actitud es la misma respecto al cine español?
Siempre hemos intentado estar un poco al margen. En el caso del teatro, el de aquí ha sido un teatro vasallo de las instituciones y también de las grandes historias, como la Barcelona 1992 o ahora eso del Forum 2004. Hemos querido mantener unos niveles de independencia que, desagraciadamente o por suerte, los da la independencia económica. Nosotros hemos sido muy independientes ya que, básicamente, nos ha pagado el público. También hay instituciones que nos han dado subvenciones, pero nunca se ha tratado de nada importante. En el caso del cine es diferente. El cine es un mercado mucho más complejo, vamos, el cine es el Mercado total y absoluto. Pero nunca entraremos en la historia del cine español, al cual, además, detestamos. Lo más desagradable del cine es el cine español. Es una cosa insoportable, porque no hay infraestructura, no hay una buena industria cinematográfica… es algo muy cutre. A veces hay unos tíos que tienen cierto genio y hacen una buena película, pero es algo esporádico. No es como en los Estados Unidos, donde tienen una infraestructura importante.

Hablando de los Estados Unidos, “Soldados de Salamina”, la película de David Trueba protagonizada por Ramón Fontserè, ha sido escogida por la Academia de las Artes y las Ciencias de España para ser la candidata a los Oscar de Hollywood. Por su parte, “¡Buen Viaje, Excelencia!” empezará su periplo internacional en el Festival de Tokyo, que se celebrará en noviembre. ¿Sería posible ver a Albert Boadella en la edición de los Oscars del 2005 como candidato a la mejor película extranjera?
No, yo creo que no. En todo caso esto sería un accidente laboral. Ha habido algunos premios que nos han concedido y que al consultarnos hemos rechazado. Porque este delirio de los premios que hay en nuestra sociedad, en la que cualquier asociación de vecinos da premios a los vecinos de al lado, es una locura. Darse tantos premios y todo el mundo encontrarse fantástico… A mí me parece una cosa muy repugnante. De modo que yo, por ejemplo, supongo que nunca me darán un Premio Goya, pero si me lo diesen por supuesto que no lo recogería. Ya les aviso antes. Tengo una auténtica alergia a esta fiebre de los premios. Por tanto, esta situación que has descrito es ciencia ficción, o si lo hago es que estoy delirando o tan senil como el señor Franco. Lo cual también es posible, todos podemos pasar por eso.

Hace años, a raíz de la polémica de su obra teatral “Teledeum”, aseguró que la mayor publicidad que nunca les han hecho fue gracias a la controversia levantada por los obispos. ¿Puede volver a suceder lo mismo con “¡Buen Viaje, Excelencia!”, pero esta vez desde otros sectores?
No lo creo. Aunque el mundo del franquismo existe -esa España subterránea en la que el franquismo ha quedado enquistado, no se ha desmontado del todo-, toda esa gente que tiene cierta condescendencia respecto a Franco sabe que cualquier expresión pública favorable a Franco será muy mal considerada. Por lo que, por decirlo de algún modo, el ataque de rabia lo harán en el lavabo, pero no públicamente. El caso de los obispos era distinto porque ellos disponían de una tribuna pública con sus homilías y un público que los escuchaba. El franquismo existe, pero a escondidas, está muy desprestigiado públicamente.

Pero la semana pasada, en la presentación de la película en el Fnac-Triangle de Barcelona, hubo un joven espontáneo que empezó a gritar defendiendo a la Excelencia…
Pero estos son los que están enfermos de los nervios, eso es distinto. Los hay en todas partes, es algo residual. Yo no digo que un enfermo de los nervios no haga una tontería, un disparate… Pero eso está en el fútbol, en todas partes.

Dentro de poco se marchará Jordi Pujol, ¿van a echar de menos al president de la Generalitat?
Pues no, para nada le vamos a echar de menos. No ha sido un hombre que nos haya facilitado para nada las cosas a Els Joglars. Siempre que ha podido nos ha buscado inconvenientes. Desde este punto de vista no sentiremos ningún tipo de añoranza. Lo único que podría pasar es que lo que venga sea peor.

¿Sería posible un “Ubú President” con Pasqual Maremàgnum (seudónimo con el que Els Joglars bautizaron al personaje que representa a Pasqual Maragall en una de sus obras)?
Es perfectamente posible, ya dimos una muestra de eso al final de “Ubú President”. Pero la verdad es que no creo que resulte un personaje tan fantástico desde un punto de vista teatral como es Pujol, en su faceta de payaso. Ni tampoco creo que desde el punto de vista político haga tantos méritos como para que se merezca una obra. Lo espero, vamos. Pero si fuera preciso también lo haríamos.

Els Joglars ya están preparando su nueva producción teatral prevista para enero del 2004. ¿De qué trata?
Inicialmente está basada en un entremés de Cervantes llamado “El retablo de las maravillas”. Es una historia basada en la leyenda oriental del vestido nuevo del emperador, quien en realidad iba desnudo. Estamos trabajando en ello. Vamos a hacer una evolución hasta nuestra contemporaneidad; empezamos en el pasado, en el siglo XVII, pero luego lo llevamos hasta nuestra sociedad, con los mismos engaños y virtualidades. Pero aún estamos en la fase inicial de construcción de la obra.

¿No tienen previsto cambiar su sede? ¿No les gustaría dejar Pruit y venir a Barcelona?
No, de ningún modo. La sede de Pruit ha sido formidable para la compañía. Precisamente, yo creo que una de las mayores potencias de la compañía ha consistido en estar instalados en Pruit, y que los actores estén en contacto con el medio rural. Eso ha hecho que la compañía tuviera una forma de trabajar muy especial y original. La gente tiene que tener cierta concentración con el trabajo pero al mismo tiempo debe estar en un ambiente relajado, con la compañía de una naturaleza preciosa y fuera de lo que son las interferencias de las grandes ciudades, como Barcelona, Madrid, París, Londres. Cuando estás en una ciudad tienes unas interferencias constantes y no hay manera de sostener tu propio tiempo y tu propio ritmo. Desde el punto de vista creativo es muy importante mantener esta distancia.

¿De ahí el lema del decálogo d’Els Joglars “serás agropecuario”?
Es medio irónico pero sí, nosotros estamos para otra forma de vivir. Comprendo que es muy difícil que eso se pueda extender a todo el mundo. La sociedad está organizada alrededor de los grandes núcleos urbanos, pero creo que el paso futuro del hombre quizá no sea vivir exactamente en el campo pero sí que es vivir con una determinada calidad de vida, concepto que yo creo que no quiere decir dinero. No tiene nada que ver con el dinero. Bueno, quizá es más caro vivir con calidad, pero yo me refiero a un sentido diferente de la vida, del tiempo, de lo que nos rodea, de disfrutar de las cosas más sencillas. En fin, cuando uno tiene la naturaleza tan cercana, el sólo hecho de despertarse por la mañana y ver el rocío que hay en el campo enfrente de casa es todo un placer. Son placeres diferentes.

¿Esto es lo que practicaba Josep Pla?
Sí, Pla es un maestro de estas cosas. Por eso siempre digo que Josep Pla es un gran filósofo, en el sentido que, sin ser filósofo, explicó unas cosas que inducían a una vida más agradable, una vida más equilibrada, más armónica de la que desgraciadamente se ha impuesto en el conjunto de la sociedad actual. Yo creo que esos son los terrenos de la izquierda. Otras cosas seguramente serán más prácticas para conseguir votos, etcétera, ¿pero qué es lo que desea el hombre? ¿Ir cada fin de semana al mejor restaurante, tener el mejor coche y cambiarlo cada año? Si este es el único objetivo del ser humano -que ha terminado por ser el único, además de tener doscientos canales de televisión e ir calentando el mando a distancia-, vaya mierda de ser humano, ¿no? ¡Es sórdido! Lo que se llama “la izquierda” tendría que intentar construir una vida para que esto no fuera así.